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miércoles, 18 de mayo de 2011

La Teoría Crítica: el movimiento de liberación humana

Todos los que vivimos en y del mundo educativo y pedagógico (familiares, educadores, maestros), cometemos muchos errores. Uno de ellos es al que yo llamo "error de dominación" y consiste en la falsa creencia de que el educador es buen educador cuando consigue dominar al alumno, y el alumno es buen alumno cuando se deja dominar por el educador. El sujeto al que educamos debe estar sometido a nuestra palabra y hacer exactamente lo que le digamos, y el educador debe dominar al alumno mostrando así su poder autoritario indiscutible. Es entonces cuando se identifica: un buen alumno y un buen educador. A nivel de gobiernos y ciudadanos pasa exactamente lo mismo: el buen gobernante es el que más y mejor domina, y el buen ciudadano es el que más y mejor obedece. 

Esto se puede ver perfectamente en lo que está viviendo España esta última semana con el movimiento de ¡Democracia Real Ya! en el que miles de jóvenes y viejos librepensadores están exigiendo y luchando por la verdad y la libertad. Se están echando a las calles para protestar contra el que domina. Los dominantes están sacando el único arma que tienen, la fuerza y la provocación (he ahí su verdadero yo) descubriendo inconscientemente su fobia a la inteligencia y al ciudadano pensante. Pues bien, este artículo está dedicado a todos los librepensadores, a que no detengamos la lucha porque en nosotros está el poder del cambio. En nuestras manos está y sólo nosotros podemos cambiar lo que otros hace cientos de años no pudieron conseguir.

Presentamos, a continuación, la implantación de un modelo educativo y social surgido hace 50 años y que debe renacer de nuevo como respuesta a este sistema de dominación alejado de cualquier atisbo de humanidad.

jueves, 7 de abril de 2011

La educación bancaria y la cultura del silencio

En pleno siglo XXI, tras haber bailado durante siglos y siglos el mismo son hipnotizador de nuestros gobernantes, aun lo seguimos haciendo inconscientes de que nuestras disfrazadas democracias esconden el mensaje de la obediencia más absoluta al poderoso. Oprimidos y opresores somos todavía la anacrónica realidad de un mundo cada vez más empeñado en convencernos de lo contrario: que somos sujetos libres con voz y voto, con derechos inalienables, con el sobrado poder para decidir sobre nuestro futuro y con el orgullo de ser un pueblo soberano. Y bajo esta propaganda que nos embelesa los oídos, se oculta una realidad que no conviene que sepamos: la educación bancaria a la que día a día nos someten, y la cultura del silencio con la que nos dejamos someter y que tanto hace la boca agua a los dominantes. De ahí su empeño, porque su mayor miedo es controlar una sociedad que empieza a preguntarse: ¿Por qué?

La educación es un proceso que está muy presente en la naturaleza del ser humano. Ella nos permite aprender a vivir en sociedad, a desarrollar nuestras capacidades, a disfrutar de lo que nos rodea, a respetar la naturaleza y todas sus formas de vida, a sentir otros puntos de vista, a conocer otras formas de vivir la vida. Es un proceso multidireccional en el que el educador y el educando se cohesionan y juntos aprenden y enseñan. ¿Cierto? No, esto no es cierto. Éste es sólo un enfoque educacional, el mío, pero no el de nuestros gobiernos ni países. Ellos nos educan con su enfoque, a su manera y nosotros asentimos y aplaudimos su esfuerzo y todo lo que hacen por nosotros.

viernes, 1 de abril de 2011

Prisión: ejemplo y castigo. No rehabilitación.

Todos los aspectos vitales de un ser humano se desarrollan en el mismo lugar, bajo la misma autoridad; cada etapa de la actividad diaria se lleva a cabo en compañía de un gran número de internos a quienes se da el mismo trato y de quienes se requieren las mismas cosas sin excepción. Todas las actividades están estrictamente programadas, y aquellas que resultan obligatorias, se integran en un solo plan para el logro y satisfacción de los propios objetivos de la institución, y no para el beneficio y la reeducación del interno o preso, cuya dolorosa carga emocional se encuentra invadida por algún que otro atroz delito que previvirá en él indefinidamente. 

El hecho clave de las instituciones penitenciarias consiste en el manejo de muchas necesidades mediante una fría e inhumana organización burocrátrica. De manera que no permite el desarrollo de la calidez y la humanidad propia que todo ser humano guarda en su foro interno. También existe una escisión importante entre los internos y el personal supervisor. Los primeros, viven dentro de la institución y tienen limitados los contactos con el mundo exterior dependiendo del grado de libertad en el que se encuentren: primer (éste apenas existe ya, afortunadamente), segundo o tercer grado. Los segundos, cumplen una jornada laboral determinada pero, a su vez, están integrados en un mundo exterior que va más allá de las severas cuatro paredes. Cada grupo, tiende a representar al otro con ciertos estereotipos desfavorables que impiden el desarrollo integral y una adecuada y enriquecedora convivencia que permita la inexistente rehabilitación que, en la teoría del Reglamento Penitenciario y en la L.O.G.P, está tan bien estructurada y definida. Esta etiquetación consta de adjetivos como: cruel, indigno, delincuente, asesino, escoria, basura, despojo; y presuntuoso, abusón, déspota, cruel o mezquino. Así, el personal suele sentirse justo y superior; mientras que a los presos les influye dañinamente en su autoestima ya que tienden a sentirse inferiores, débiles o culpables. 

jueves, 31 de marzo de 2011

Nuestro sistema educativo es anacrónico

El viejo Alexander Sutherland Neill ya lo decía, una educación inspirada en la libertad es una educación rica para el crecimiento y la felicidad. No es la libertad de "hacer lo que a uno le venga en gana", sino libertad como "hacer lo que uno quiera o crea que deba hacer pero, siempre, sin dañar la libertad del otro". ¿Y qué es la libertad? Un valor. Y uno fundamental, además. Durante la historia han nacido múltiples teorías educativas, y cada cuál apostaba por la que creía más certera. Bajo el optimismo pedagógico se adoptaba una postura prácticamente milagrosa en la que se defendía que la educación solventaba y era la cura de todos los problemas que acaecían en el mundo. En general, este prisma, no está del todo equivocado.  

Es cierto que la educación no resuelve todas y cada una de las dificultades del planeta, pero sí puede prevenir y previene desastres. Aunque para que este planteamiento se haga universal, sería necesario y altamente recomendable hacer unos pequeños ajustes y unas buenas matizaciones pues el término educación es entendido e interpretado de múltiples maneras, las cuales, en muchas ocasiones, no son las más acertadas. Es preciso destacar una educación democrática y libre. Una educación implantada en los colegios, escuelas o institutos que no esté cargada de materias prescindibles y que tenga un enfoque completamente diferente. 

domingo, 27 de marzo de 2011

El efecto Pigmalión: la expectativa autocumplida

Cuenta el mito de Ovidio que un día, el rey de Chipre, Pigmalión, esculpió una estatua de una mujer de tan espléndida belleza que quedó prendado de ella. Tal era su deseo que convocó a los dioses para que convirtieran a la inerte figura en una mujer de verdad. Concediéndole el deseo, tuvo ante sus ojos a una mujer de carne y hueso a la que Pigmalión llamó Galatea. Se casaron y fueron felices.

Esta leyenda refleja perfectamente la situación con la que nos topamos cada día. Cuando nos relacionamos con nuestro entorno, con nuestros amigos, con nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros compañeros de trabajo, a menudo esperamos de ellos unas actitudes determinadas y nos formamos unas expectativas claras que esperamos que cumplan. Y así se lo transmitimos. Les comunicamos en situaciones cotidianas las esperanzas que depositamos y tenemos sobre ellos que, muy probablemente, se conviertan en realidad. A este modelo de relaciones se le conoce con el nombre del efecto Pygmalion. La esencia de este efecto se encuentra localizada en nuestra autoestima pues, las esperanzas positivas o negativas del emisor se comunican al receptor que experimentará un refuerzo positivo o negativo de su autoconcepto o autoestima (Menores en desamparo y conflicto social. El efecto Pigmalión. Pilar Oñate y García de la Rasilla, 1996).

Esto es, nuestras expectativas se depositan en el emisor e incidirán en su autoconcepto o autoestima, mermando si nuestras expectativas son negativas, y reforzando si nuestras esperanzas son positivas. Es alentador y recomendable cuando se usa de forma positiva, pero es fulminante si se usa de modo perverso. El receptor corre el peligro de acabar creyéndose lo que el emisor le transmite, sobre todo, si este último representa una figura digna de admiración y respeto. Por tanto, es preciso mantenernos alerta y tener cuidado en nuestras relaciones sociales cotidianas pues, sin quererlo, podemos estar dañando una de las zonas más delicadas y vitales del ámbito afectivo y del campo emocional del ser humano.

El Pigmalión positivo se refiere, en general, a una actitud de refuerzo que consiste en acompañar. Manifiesta en el receptor una muestra de interés y de aprecio por parte del emisor que le permite descubrir aquellos valores y atractivos ocultos en él. Aporta y enriquece al beneficiario ayudándole a utilizar sus recursos propios, a descubrirse a sí mismo, a crear una actitud responsable y a motivar. Cuando una madre observa que su hijo está absorto durante horas frente al televisor sin hacer nada adoptando una actitud totalmente pasiva y le dice en tono afable: "Hijo, ¿qué haces aquí delante de la televisión? ¿Por qué no te animas y vamos a dar un paseo los dos y así te da un poco el aire en esa carita tan bonita que tienes? Mira que eres guapo hijo". En estos momentos se le refuerza de una manera positiva pues la madre le está transmitiendo que es guapo, que a ella le gusta el físico del hijo y que para ella, sea como sea el chaval, es digno de ser visto. En esos momentos, la autoestima del hijo se ha visto reforzada y, posiblemente, el hijo se anime a acompañar a su madre.

Sin embargo, cuando el Pigmalión resulta ser negativo, los conflictos personales externos e internos están servidos. Manifiesta una actitud negativa, de reproche, de insatisfacción, de desmotivación, e incluso de ataque. El emisor transmite que no está a gusto con su compañero, que algo de su actitud le molesta, que puede llegar a irritarle, que le sanciona o le juzga. Y el emisor, ante esto, reacciona de diversas formas. Pero todas ellas son negativas. Se siente dolido, triste, desmotivado, atacado, herido, injustamente tratado e irrespetado.

Este efecto es conocido también como teoría del etiquetaje. Un hombre ha violado a una mujer. Ese hombre, para la sociedad, que ejerce un poder inmenso en el individuo, es un violador. Y subrayo la palabra es porque su actitud se generaliza y pasa a ser su completa identidad. No "ha hecho", para la sociedad simple y llanamente "es". Se etiqueta con el label de violador y cuando cumpla condena y salga a la calle, le recordaremos como el violador. Esta etiqueta hiere, ataca y deja huella en la autoestima. De tanto transmitírselo, acaba creyéndoselo. Y cuando alguien cree en algo, lo cumple hasta el final. Esa persona probablemente no se cure nunca porque desde nuestra perspectiva no se lo permitimos. Pongamos el caso anterior. Una madre observa que su hijo está absorto durante horas frente al televisor sin hacer nada adoptando una actitud totalmente pasiva, solo que, esta vez, el tono de la mujer es más duro. Le dice al hijo: "Pero mira que eres vago. Si es que ya lo dice tu padre que no vales para nada. Mírate ahí tirado...¡qué asco de verdad hijo! ¡Muévete o haz algo!". Este chico probablemente no haga nada. La madre le transmite mensajes negativos y etiquetas constantes: eres vago y no vales, es decir, eres un inútil. Con esta información destructiva y agresiva se consigue mermar y fulminar la autoestima de una persona convirtiéndole en alguien que aborrecemos.

Para una persona es muy duro percibir que parece que alguien la aborrece. El mensaje es: "no hacemos", sólamente "somos". Este efecto es perverso y peligroso. Lo bueno es muy bueno pero lo malo es peor. Si ya es de por sí resulta dañino recuerden lo que le dijo Julia Roberts a Richard Gere en Pretty Woman, que "lo malo siempre es mucho más fácil de creer".